Qué mirar antes de cotizarle a un cliente

Lo que tendría que estar sobre la mesa antes de mandar un precio, y por qué en la práctica se manda con lo que el vendedor se acuerda.

Antonella De Lazzari · CEO y cofundadora

Actualizado el 15 de agosto de 2026

La respuesta corta

Antes de pasar un precio hay que tener a la vista más cosas de las que entran en la cabeza: cuánto cuesta hoy, qué tiene acordado ese cliente, si debe, qué compró la última vez, por qué rechazó el presupuesto anterior, qué margen queda con el descuento que estás por dar. La lista no termina en cinco ni en diez, y cambia según el cliente. Por eso se cotiza con lo que el vendedor se acuerda, y por eso el que más sabe es el que no podés reemplazar.

Cuándo alcanza con la memoria

Un vendedor con años en la casa y treinta clientes se acuerda de casi todo: quién paga a 45 días, a quién no se le cobra el flete, cuál pelea cada peso y cuál cierra si le sostenés la bonificación. Mientras la cartera entre en una cabeza, la memoria funciona, y es más rápida que cualquier sistema.

El problema no aparece cuando crece la lista de precios. Aparece cuando crece la cantidad de clientes por vendedor, o cuando entra alguien nuevo: ahí la memoria del que sabe deja de ser una ventaja y pasa a ser el único lugar donde está el dato.

Lo que tendría que estar a la vista

El precio
Cuánto cuesta hoy, con la lista vigente del proveedor y no con la del mes pasado. Si el producto tiene stock, también.
El cliente
Qué tiene acordado, en cuántos días paga, si debe algo, qué compró la última vez y por qué rechazó el presupuesto anterior.
La operación
Qué margen queda con el descuento que estás por dar, y hasta dónde puede decidir quien está cotizando sin preguntarte.
ElprecioElclienteLaoperaciónLo que le respondés
Todo eso converge en un solo momento: el precio que sale. Hoy converge en la cabeza de alguien.

Qué pasa cuando falta uno

Falta el precio de hoy
Cotizás con el costo viejo. El presupuesto sale bien, la venta cierra, y el margen real aparece dos meses después, más flaco de lo que pensabas.
Falta el acuerdo con el cliente
Le pasás precio de lista a alguien que tiene un 8% acordado hace tres años. Lo reclama, y quedás corrigiendo hacia abajo, que es la peor posición para negociar.
Falta la deuda
Cerrás con alguien que está en 90 días. La venta suma facturación y resta caja, y el que la cerró se entera cuando administración lo llama.
Falta el historial
Le ofrecés lo mismo que rechazó en marzo, por el mismo motivo. El cliente no te lo dice: simplemente no contesta.
Falta el margen
El descuento se decide con la sensación de que entra. A veces entra.

Señales de que estás cotizando de memoria

El precio depende de quién atienda
El mismo cliente recibe números distintos según a quién le escriba. Él lo nota antes que vos.
Los presupuestos se corrigen después de enviados
Si mandar un precio y después ajustarlo es parte del proceso, el dato no estaba cuando se decidió.
Hay alguien que no puede tomarse vacaciones
No por la relación con los clientes, sino porque es el único que sabe qué precio corresponde.

Cómo lo trabajamos en Patio

El vendedor sigue en WhatsApp. Manda el pedido como le llegó —un audio, una foto, una lista suelta— y lo que vuelve no es solo un precio: vuelve con lo que hay que saber de esa cuenta antes de pasarlo. La lista vigente, lo que tiene acordado, si registra deuda, y hasta dónde puede decidir sin preguntar. Todo en el mismo chat donde está trabajando, sin abrir nada.

Cuando el presupuesto se arma en detalle, se arma en Patio, y ahí el margen está a la vista mientras se edita: cambiar una cantidad o mover un descuento corre el número en el momento. Lo que se pasa del límite que definiste sale a aprobación con el monto, el margen resultante y el motivo.

No lo decide Patio: lo decide el que está vendiendo, con el cuadro completo adelante.

Presupuesto - Instalación eléctrica galpón Del Pilar

PRES-2311
Subtotal$ 0
Descuento (10%)− $ 379.840
Total$ 0
El presupuesto con el margen a la vista mientras se arma, no después de enviarlo.

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